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Publicado el 07 de enero del 2026

De algo hay que morir

Por Álvaro Acuña Hormazábal
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Un hombre cumplió sesenta años y fue al médico a hacerse un chequeo completo. Con los exámenes en la mano, el doctor fue directo: “Tienes que dejar de fumar si quieres seguir viviendo”.

Días después, el hombre relataba este diagnóstico “aterrador” a sus amigos, en una junta de fin de año, con un cigarrillo entre los dedos: “Fumo desde que tengo 12, no voy a someterme a tal estrés a estas alturas de mi vida. ¿para qué? Si de algo hay que morir”.

La semana siguiente, el hombre con su esposa estaban en su casa, cuando de repente el timbre sonó: Era su hija, que en ese entonces tenía 30 años: “mamá, papá, vamos al salón, debo decirles algo importante” Cuando se sentaron, su hija les dice: “Van a ser abuelos, estoy embarazada”.

Esa noche el hombre no pudo dormir, daba vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. A las 4 de la mañana se levantó y tomo todos los cigarrillos, el tabaco, las pipas, los puros cubanos que había reservado para una ocasión especial y los tiro a la basura: “No volveré a fumar nunca más”.

Esta historia que relata en sus charlas Alex Rovira Celma, nos invita a reflexionar sobre el cambio en nuestras vidas.

Vivimos vidas alocadas, guiadas por el dinero, trabajamos estresados, siempre apurados, cansados, nunca tenemos tiempo: salimos de casa sin desayunar, almorzamos cualquier cosa por ahí y volvemos a seguir trabajando en lo doméstico porque las cosas que no se hacen solas.

Pero llegada la noche es nuestro momento: nos sentamos, prendemos un cigarrillo y nos tomamos alguna cosita: una lata de cerveza o una copa de vino, porque nos lo merecemos, para eso trabajamos.

Y así, nos vamos consumiendo y maltratando día tras día, entramos en un círculo vicioso del que es muy difícil salir: estresados, mal alimentados, sedentarios y adictos al alcohol y el tabaco … pero bueno, de algo hay que morir ¿no? ¿En serio vamos a esperar que un médico nos diga que vamos a morir para cambiar? Entonces ese cambio nunca se producirá.

Cuando nos quieren obligar a cambiar, nuestro cerebro activa mecanismos de resistencia. Aparecen emociones como el miedo, la ansiedad o la frustración, y con ellas, un cóctel neuroquímico que incluye adrenalina, noradrenalina y cortisol, hormonas asociadas al estrés. Este estado prepara al organismo para defenderse o huir, no para cambiar. Nos resistimos al cambio y nuestro cerebro nos ayuda.

En ese estado, intentado cambiar obligados, aparece una vocecita que nos dice: “De algo hay que morir” y no cambiamos o recaemos. ¿Qué marca la diferencia?

Nuestro protagonista no dejó de fumar porque su hija estuviera embarazada, dejo de fumar porque se activó en él la necesidad de ser abuelo, de tomar en brazos a un bebe indefenso, de cuidarle, de verlo crecer, este es ahora su sentido y propósito de vida.

Cuando supo que sería abuelo, su cerebro activó el sistema de recompensa, liberando dopamina, endorfinas y oxitocina, sustancias vinculadas con el placer, la motivación y el bienestar.

Estamos comenzando un nuevo año y seguramente usted, como yo, tendrá vacaciones, es el momento perfecto para comenzar su transformación, pero recuerde que el comienzo parte por dejar de preguntarnos de qué vamos a morir y empezar, de una vez, a preguntarnos para qué queremos vivir.

Descripción

Álvaro Acuña Hormazábal

Académico e investigador de la Universidad del Bío-Bío.

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