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Publicado el 15 de octubre del 2023

“El Nervio Óptico”, una mirada desde la narrativa artística

Por Alejandro Arros Aravena
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Dueña de una pluma alucinante, la escritora y crítica de arte argentina María Gainza nos presenta  una de sus obras más importantes, que además es su debut en el género narrativo y que lleva por título “El nervio óptico” de la editorial Libros del Laurel año 2016, ésta es una revisión literaria poética sobre el ejercicio de ver y observar arte, la vida de quien pintó y por supuesto, los pormenores del personaje principal de esta historia que se encarna en una guía de arte que se encarga de orientar a refinados y voraces consumidores de arte visual. En once capítulos o también llamadas micro historias, la voz de una mujer que se enfila sobre la medianía de edad nos describe de una forma magistral a Cándido López, a Géricault o Alfred de Dreux, de cómo estos crearon sus obras y como en este ejercicio permitió cambiar para siempre la denominada “biología de quien observa”. Además, nos adentramos en la vida de la protagonista donde cada detalle cuenta. A ratos y avanzando en estas micro historias me parecía que leía “La comedia humana” de Honoré de Balzac, pues el realismo de cada intersticio descrito, se rememora la novela de este autor francés, pero esta vez la novela se complejiza en el género tomando la forma de una decena de ensayos. La crítica señala que María Gainza pareciera que inaugura un nuevo género literario denominado “ucronía”, aunque modestamente creo que éste nace un año antes, en el 2016 con una obra tan significativa para el mundo de la semiótica y las interpretaciones de los signos titulada “La séptima función del lenguaje” del escritor francés Laurent Binet, donde el guion se desarrolla por consecuencia de la muerte del semiólogo y crítico literario francés, Roland Barthes y la posterior aparición de personalidades del mundo intelectual como Michel Foucault, Lévy, Lacan, entre otros, todo este relato se mezcla con la realidad y la novela ficcionada en clave de esta definición literaria denominada ucronía.
El nervio óptico es un excelente anecdotario de arte, nos permite conocer e imaginar esos detalles que no están presentes en un catálogo de artista o que ningún guía de mediación nos entrega al momento de visitar una exposición, galería o museo. “El nervio óptico” es de estos libros que constituyen hacia el arte, se enfilan como obras contemporáneas en sí mismo, es en este aspecto que, como señala el crítico de arte Iván de la Nuez en su texto “teoría de la retaguardia”, podríamos construir un museo de arte contemporáneo con estas novelas y artistas que escriben historias sobre arte.

Otro punto importante de este guion transversal es el marcado por la muerte y la tragedia, el primer cuento, de hecho, se señala a una bala perdida como artefacto gratuito, hipnótico y fútil. Pareciera que, con este hecho, la crítica va hacia lo que está a destiempo, entendiendo el tiempo como un acto que nos hipnotiza en un constante presente. Algo de esto podemos ver en el cuento o capítulo “una vida en pintura”, donde la autora da cuenta del latido incómodo y constante del ojo derecho sobre todo su párpado inferior. En esta molestia y preocupación sobre la dolencia ocular, engancha entonces a esta incomodidad con la intensidad del color en la pintura del pintor Mark Rothko (cuestionado y clasificado en su tiempo como un pintor comercial), sobre todo en como fija su atención en el color rojo, esto lo vemos textualmente en el siguiente extracto del libro “El ojo me empieza a latir por enésima vez en el día. Entonces veo el Rothko. Es un póster sobre la pared. Lo miro rápido porque, si me detengo mucho, el latido se convierte en el galope de un caballo. Es un Rothko rojo, vertical, lo reconozco porque lo he visto colgado en el Museo de Bellas Artes. Un Rothko clásico: un rojo diablo sobre un rojo vino que vira al negro”. Puede ser que esta atención a la obra y a la fusión cromática entre este rojo tan intenso, sea una construcción mental visual como si fuera un efecto propio de la diplopía.

En este tiempo, donde la moda se ha condicionado casi en lo absoluto por lo que es la inteligencia artificial, es gratificante leer este tipo de narrativa que construye un nuevo imaginario sobre lo que significa el arte local, es bueno destacar que este libro toma el arte argentino, lo señala desde lo local y como esta condicionante de localidad nos fuerza a mirarnos hacia adentro desde el valor del territorio y como cada uno está presente sin la necesidad de mirar hacia afuera, de hecho la autora señala su temor a viajar, y como esta imposibilidad la colocó en tensión en una premiación como jurado y su apoyo a un artista que ella patrocinaba.

Recomiendo este texto para construir un imaginario desde nuestro rol como agentes que vivimos en una zona heterogénea y rica en cultura, en repensarnos el concepto de iconoclasia y la cancelación de lo local, en como deberíamos, según palabras del pensador italiano Franco Berardi, volver a desarrollar la poesía e ingeniería en conjunto, como lo fue en el renacimiento. Hoy en tanto pareciera que esta separación es forzosa, que una vía nunca cruza con otra, pareciera que está institucionalizada la atomización y el trabajo fragmentado, donde se hace hincapié la necesaria especialización en un área determinada. Es en este texto, “El nervio óptico” donde se cruzan diversos escenarios como el arte, la muerte, la ansiedad y el devenir de la pertenencia a la sociedad actual.

Alejandro Arros Aravena

Alejandro Arros Aravena Académico Depto. de Comunicación Visual UBB Director Escuela de Diseño Gráfico

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