Hablar de emprendimiento suele tener una connotación positiva. Lo asociamos con iniciativa, autonomía, innovación y con personas dispuestas a transformar una idea en una fuente de ingresos. En una región que necesita generar nuevas oportunidades económicas, contar con más personas dispuestas a emprender parece, a primera vista, una buena noticia. Sin embargo, los últimos datos para la Región del Biobío nos obligan a mirar este fenómeno con algo más de cuidado.
La VIII Encuesta de Microemprendimiento del INE registra 127.791 personas microemprendedoras en la Región del Biobío. De ellas, el 57% declara haber comenzado por necesidad, frente al 49,4% a nivel nacional. En cambio, el 26,6% lo hizo porque identificó una oportunidad de negocio, frente al 34,8% del país. Es decir, por cada persona que emprendió al identificar una oportunidad, más de dos lo hicieron por necesidad.
¿Estamos ante una región más emprendedora o ante un mercado laboral que empuja a parte de la población hacia el autoempleo?
Las cifras laborales obligan a tomar en serio la segunda posibilidad. Según la Encuesta Nacional de Empleo del INE, la tasa de desempleo del Biobío llegó a 10,4% en el trimestre abril-junio de 2026, un punto porcentual por encima del promedio nacional y el registro regional más alto desde septiembre-noviembre de 2020. Antes de la pandemia, hay que retroceder hasta marzo-mayo de 2010 para encontrar una cifra similar, cuando el desempleo regional alcanzó el 10,9%.
Durante el mismo trimestre, el 28,3% de las personas ocupadas en Biobío trabajaba de manera informal, frente al 27% del país. Un año antes, la tasa regional era de 25,2%. En doce meses aumentó en 3,1 puntos porcentuales y llegó a cerca de 202 mil personas ocupadas informalmente.
Estas cifras no permiten afirmar que el desempleo actual haya generado directamente nuevos microemprendimientos. La encuesta se realizó en 2025 y recopiló información sobre emprendimientos que ya existían en ese momento. Sin embargo, los motivos declarados muestran un problema más persistente. Para una parte importante de quienes emprenden en la región, crear un negocio ha sido una forma de obtener ingresos cuando el mercado laboral no ofrece suficientes alternativas.
Durante el último año, además, el número de trabajadores por cuenta propia aumentó 10,8% en Biobío, mientras que los asalariados formales disminuyeron 4,5% y la informalidad también aumentó. La coincidencia no demuestra una relación causal, pero aconseja no interpretar todo aumento del emprendimiento como una señal inequívoca de dinamismo regional.
El hecho de emprender por necesidad no determina el futuro de un negocio, aunque sí modifica su punto de partida. De acuerdo con la misma Encuesta de Microemprendimiento, la ganancia promedio mensual de las personas microemprendedoras de Biobío es aproximadamente un 10% menor que el promedio nacional. Para muchas de ellas, el primer objetivo es generar ingresos de manera inmediata. Aumentar la productividad, formalizarse, acceder a financiamiento y encontrar nuevos mercados son desafíos posteriores que no todas podrán superar.
Durante años hemos asociado el fomento productivo con la creación de más emprendedores. Se ofrecen capacitaciones, concursos, fondos y programas destinados a facilitar la apertura de pequeños negocios. Estas herramientas pueden ser útiles, pero el desafío de la política pública comienza cuando termina la capacitación y se entrega el financiamiento.
El número de beneficiarios, de emprendimientos creados o de fondos adjudicados informa sobre la ejecución de un programa, pero dice poco sobre sus resultados. La evaluación debería seguir la trayectoria de esos negocios y determinar cuántos continúan operando, cuáles se formalizaron y cuáles lograron crecer o generar empleo.
Seguir esa trayectoria también evita una confusión frecuente. El esfuerzo de quienes emprenden ante la falta de oportunidades laborales merece reconocimiento y apoyo, pero no constituye, por sí mismo, evidencia de una economía regional dinámica. Celebrar el número de negocios sin preguntar por su origen ni por su evolución puede convertir una respuesta a la falta de empleo en un indicador de éxito económico.
Biobío necesita nuevas empresas, innovación y personas dispuestas a asumir riesgos. También necesita empleos formales y productivos, con mejores perspectivas de ingresos. Quienes emprenden en Biobío no representan una sola realidad y las políticas públicas deben reconocer esas diferencias. De lo contrario, seguiremos utilizando la misma palabra, emprendimiento, para describir tanto la expansión de nuevas oportunidades como la falta de ellas.