En 2022 y en el marco de la ejecución del Proyecto Fondo de Desarrollo Institucional “ComunitariaMENTE”, surgió en la sede chillán de la Universidad del Bío-Bío la iniciativa de formar a estudiantes como facilitadores comunitarios en el cuidado de la salud mental. Así nació el programa Micelio. A la fecha, los y las profesionales de la Subdirección de Desarrollo Estudiantil han preparado a más 500 estudiantes en los módulos “Hablemos de salud mental” (Virtual), “Autocuidado y gestión Emocional” (Virtual), “Prevención del suicidio” (Virtual) y “Primeros auxilios psicológicos” (Presencial).
El programa Micelio, nombre otorgado por un grupo de estudiantes, es liderado por el trabajador social del Departamento de Bienestar Estudiantil sede Chillán, Eduardo Lorenzen Pino, quien cuenta con el apoyo en organización y ejecución de la psicóloga de la DDE, Fabiola Rodríguez Benavides.
Cada año se imparten los módulos en el segundo semestre, pero este año se finalizaron en el primero, permitiendo así la posibilidad de realizar nuevamente los talleres en sus fechas originales, septiembre y octubre, previa evaluación del equipo.
“Esta propuesta nació para atender las complejas consecuencias de la pandemia y con el objetivo de instalar la corresponsabilidad comunitaria como un pilar fundamental en esta área. Es una instancia en la que, año a año, la comunidad se reúne para hablar de salud mental, derribar mitos, fortalecer herramientas y desarrollar competencias orientadas a promover el autocuidado y generar una red de cuidado colectivo”, explicó Eduardo Lorenzen.
Según comentó el trabajador social DDE, la iniciativa se ha ejecutado anualmente con una excelente valoración por parte del estudiantado. “A la fecha, se estima que más de 500 estudiantes han participado en las distintas instancias del proyecto y se han formado como facilitadores y facilitadoras comunitarios en el cuidado de la salud mental”, agregó.
La estudiante Catalina Cerda Pérez, de segundo año en Psicología UBB, es categórica al afirmar que el Proyecto Micelio, “a través de sus talleres, humanidad y respeto por el otro, ha brindado eso que las universidades de Chile tanto necesitan; personas que se preocupen”.
“Decidí participar por los amplios y novedosos temas que se tratan en sus reuniones, el suicidio, las crisis de pánico, la autogestión emocional, los PAP, la discriminación… Todos temas que se evitan, pero que son importantes de hablar. Y no solo encontré información valiosa, también una compañía cálida y reconfortante, que me aseguró que no estoy sola pese a lo que el mundo me haga creer. Ello gracias a que hay personas como quienes crearon, con tanto esfuerzo, este gran proyecto”, destacó la estudiante.
Catalina Cerda sostuvo que aprendió que escuchar va más allá de estar callado, “que entender es más que solo un «me pasó», y que actuar no se trata de hacer el bien para mí, sino de hacer el bien para un otro. Creo firmemente que esto no se debe quedar solo en mi futura profesión, se debe quedar en quien soy en mi día a día; en quienes somos, todos los que participamos”, relevó.




